miércoles, 28 de noviembre de 2007

La cultura impartida a los jóvenes cada vez se reduce más a las competencias necesarias para la empleabilidad.
La universidad tiene un coste y un rendimiento y su producto, los universitarios, son la mercancía que vende.
Las instituciones en general y la universidad en particular sólo tienen sentido si están al servicio de las empresas. Este es el futuro.

martes, 27 de noviembre de 2007

En el País Vasco hay quien estudia en euskera, la mayoría, y en castellano, una minoría y, además, en la enseñanza privada. En el futuro, una mayoría euskaldún, atrapada en su país, será dirigida por una minoría española, en el país o desde fuera, ya que serán los únicos aceptados en el exterior. Aquí se llamarán Jon, allí se llamarán Juan.
En el proceso de integración escolar en Estados Unidos, en la década de los sesenta y setenta, se llevaba en autobús a los niños negros a las escuelas de niños blancos y viceversa. En el País Vasco, los que estudian en euskera van al centro escolar más próximo a su casa; los que lo hacen en castellano son trasladados a las escuelas de los barrios periféricos o acuden a la enseñanza privada. Discriminación.
En la universidad, vamos de la transmisión del conocimiento a la inserción laboral. Todos los valores se reducen a uno: eficacia en la institución y en el producto.
La universidad se reestructura y, por lo que nos cuentan, es para adaptarse al mercado laboral. Debe flexibilizarse; en realidad, tiene que desaparecer como institución estable y convertirse en una especie de guante que se adapte a cualquier mano. En el futuro, la universidad no tendrá objetivos, sólo respuestas.